Dos horas son más de ciento veinte minutos

Vaya puta mierda. Si no sé hablar sin soltar algún taco, tampoco voy a saber escribir. Desde que empecé a escribir, intenté pulir mis versos, la rima, la melodía y rimar en consonante. ¿Para qué? Para mí. Sé que nadie me lee, y sinceramente, me da igual. No creo que lo que escriba aquí sea trascendental para alguien, si ni siquiera lo es para mí. Esto es una ventana, como quien con quince años sale por la ventana del tejado a fumarse un pitillo mientras sus padres duermen; es algo que se hace a escondidas y sin publicidad. Entonces, ¿el título a qué viene? Viene a que, básicamente, quise ponerlo. ¿Es relevante? No. Pero dos horas dan para mucho. Dos horas son tu primera vez, un concierto que cambia tu vida, una cena, lo que tardas en llegar al bar y vomitar, lo que tardas en llegar en el pub y encontrar a la mujer de tus sueños, dos horas entre que la encuentras y aparece su novio, dos horas entre la felicidad y un texto como este. ¿Triste? No, ¿por qué iba a estarlo? Dicen que la verdad duele, y es mentira, la verdad es obvia. Tan obvio como el virgen en la discoteca, tan obvio como el borracho en el baño, tan obvio como que no me vas a mirar en tu puta vida. Tan obvio como que este texto lo escribí después de conocer a Neruda en sus versos más tristes.

Veneno

No voy a estar amargado. Ni estoy cansado, ni voy a estarlo. El cuerpo es sólo físico, es sólo masa y energía. Nunca entendí bien a Einstein, lo cuál me hace humano. Sus ecuaciones no incluyen emociones, sólo explican lo que los demás no podemos entender, y por qué cuándo vomitamos la energía se nos va. Supongo que su aceptación en la comunidad científica no es casualidad ni nombre, sino acierto. Pero como filósofo poco escribió. Las conjeturas, teoremas y corolarios son formales, y nosotros no lo somos. Sólo somos gente; gente que le gusta un sábado a la noche, gente que le gusta salir, gente que le gusta lo metafísico. Gente superficial, que juzga sin tener demasiado criterio, porque el alcohol nubla y no despeja dudas. No somos culpables; nadie es culpable, somos superficiales. Los que creen en lo real, sólo intentan engañarse. Es imposible no fijarte en la chica con el top más ajustado en la tarima de la discoteca, aunque una chica tapada te cuente que apadrina un niño huérfano en Zimbawe. Tenemos polla, tenemos instinto animal, tenemos instinto macho alfa. Ni machismo ni sexismo. La puta verdad. Las conversaciones sólo intercambian teléfonos y emoticonos en WhatsApp. Emulan emociones, dicen. Nos hacemos pajas con un "like" en Instagram. Publicamos fotos en Facebook para que nuestra ex se sienta celosa. Publicamos fotos en Facebook para intentar ganar un "Me gusta" con la chica que queremos follar. Las redes sociales no hacen que las relaciones sean más rápidas, sino más asociales. Portales que se basan en un intercambio de reacciones fatuas, reacciones que no dicen nada, reacciones detrás de un velo. Así también yo. Ni soy Ernest ni me apellido Hemingway, pero confío más en conocer a la gente en un bar y no en una red social. Me gusta la gente sincera, que te cuenta su vida con una copa en la mano, mientras apura un pitillo. Me gusta la gente que espera a verte para contarte algo importante. Me gustan las chicas que antes de enseñarte su escote te enseñan su personalidad. Pero en el fondo todos somos hipócritas, todos queremos lo real cuando nos vestimos con el caballo en la camisa, con el cocodrilo o con la bandera del Antonio americano. Pero, si nos ponemos con estas tonterías, ¿quién follaría? La filosofía no es una religión, es un puto cambio, es un estado, es un fin de semana, es un lunes. Es lo que quede de cubata. Y me queda poco.

Martes o viernes trece

Como cuando espero que salga cara
sin saber que la moneda no cede
cuando intento trucar la suerte adrede
sin saber que la suerte sale cara

Sin saber que la ruleta no para
sin saber si la suerte es la que prede
cuando todo desprende olor que hiede
aun sabiendo que eras puta, no avara

Cuando le compro lotería a un tuerto
no sé que espero, sólo sobrevivir
o encontrar alguna mujer cercana...

Es de día, saliendo del bar muerto
pienso en ti, pero, ¿qué más puedo decir?
Si no importa si sale el sol mañana.

Cómo iba a saber...

Los días son largos, cuando 24 horas se retrasan. Cuando los segundos son horas, y los días ya no se cuentan con tres dígitos.

Abogar en el olvido recuerda nuestra memoria. Abogar en el recuerdo olvida nuestro ya. Abogar porque no ha pasado nada recuerda el olvido.

Retrasar el 'no' que debió ser un 'sí'. Buscar el 'ya' cuando ya se 'fue'. Querer el 'siempre' cuando es tarde.

Ahora, al final, no es más que el ayer sin el maquillaje; que quería un futuro que pensaba que no iba a envejecer ni morir. Pero cómo iba a saber si me engañaba cuando me mentía.

A lo Ricardo Reyes

Como la canción desesperada de Ricardo Reyes.
Como los veinte poemas de amor de Pablo Neruda.
Como mentir en historias de dos.
Como narcótico parar el corazón.
Como un verso en asonante, en soneto.
Como una acaricia, a la cara más lejana en el mismo bar.
Como hablar por teléfono, en la misma habitación.
Como tener que irme para no verte.
Como el metro, que separar tu cama de la mía.
Como los kilómetros que me separan cuando te veo.
Como los versos que me acercan, cuando no te escribo.
Como las canciones que entono, para que Riazor sea tu playa.
Como las puestas de Sol que describo para que amanezcas conmigo.
Como un ojalá, que volvamos a vernos.
Como un adiós, que no maquilla un hasta luego.
Como un nunca, que no esconde un ojalá.
Como otro jueves, en el que duermo solo.
Como la carta que sobra de la baraja.
Como los doses de la baraja de tres, jugando a la escoba.
Como jugar a las parejas, siendo impares.

Y aunque quiera que otro perro te ladre, sigue siendo pronto; y es más, nunca será tarde, por muchas canciones que terminen, por muchos versos en puntos finales, que al final no son que más que puntos suspensivos.


Cuántas veces hubiera
dado la vida entera
por llevarte el equipaje
-J. Sabina

¿Qué importa que el manto de estrellas me deje desnudos los pies?
¿Qué importa que la noche más fría me encoja la piel?
¿Qué importa que me hables a la oreja si mañana te vas?
¿Qué me preguntas con un interrogante que nunca cierras?
¿Qué me pides con una pregunta que nunca se acaba?
¿Qué importa que no me hables si estás muda?
¿Qué importa que no me mires si no me ves?
¿Qué importa que no me escribas si aun no llegaste a casa?
¿Qué si nos acabamos de conocer, pero hace un par de años?
¿Qué si ya te conozco, antes que tú a mi?
¿Qué si ya me conoces, y yo aun no lo sé?
¿Qué si aun no hemos quedado, pero ya nos hemos visto?
¿Qué si no quieres quedar, pero ya nos hemos besado?
¿Qué miras por el balcón de tu ventana, si sólo paso yo?
¿Qué si Debussy en vez de Clair de Lune nos cegara con un Clair ensoleillé?
¿Qué...?
¿Qué.... si nunca no?
¿Qué pudo haber sido, si tú y yo avogáramos por el sí?