Curvatura.


Como las matemáticas, como un vaivén, como una carretera, como la silueta de un cuerpo, como el relieve, como la vida. La vida es una función que a veces es convexa, a veces cóncava, con muchos puntos de inflexión y unas variables tan complejas que no se podría definir nunca. También es una trayectoria que a veces da la vuelta y llega al mismo lugar. Es como el trazado de asfalto más alejado en lo alto de una montaña que una vez que llegas todo está a tus pies y entonces desciendes sabiendo qué es lo que te espera abajo, como las irregulares y preciosas curvas de un cuerpo de mujer a la luz de la Luna, áspera como el relieve de un material rugoso; la vida es irregular. No por ello es malo.
Nada te va mal, sino simplemente peor de lo que te esperas. No es ningún eufemismo, es verdad. Las cosas no surgen por casualidad, ya que no existe. Hay una ley de acción-reacción, causa-consecuencia o como se quiera llamar. Si haces lo que debes, el deber te devolverá el favor, sino no.
Todo es simple, solo que irregular. Todo es una curva, por lo tanto hay curvatura. Cuando todo está cuesta arriba, no dejes de andar. Pero ten cuidado si bajas muy deprisa, puedes tropezar y las nuevas cuestas serán más empinadas. Hay que saber llevar un ritmo constante, ni acelerado ni frenado, que puedas respirar con facilidad y que la excitación del momento no provoque un gasto innecesario de energía que te impida continuar corriendo con tu ritmo. No pares, no corras.
Vivir es fácil, lo difícil es cómo.

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