Veneno

No voy a estar amargado. Ni estoy cansado, ni voy a estarlo. El cuerpo es sólo físico, es sólo masa y energía. Nunca entendí bien a Einstein, lo cuál me hace humano. Sus ecuaciones no incluyen emociones, sólo explican lo que los demás no podemos entender, y por qué cuándo vomitamos la energía se nos va. Supongo que su aceptación en la comunidad científica no es casualidad ni nombre, sino acierto. Pero como filósofo poco escribió. Las conjeturas, teoremas y corolarios son formales, y nosotros no lo somos. Sólo somos gente; gente que le gusta un sábado a la noche, gente que le gusta salir, gente que le gusta lo metafísico. Gente superficial, que juzga sin tener demasiado criterio, porque el alcohol nubla y no despeja dudas. No somos culpables; nadie es culpable, somos superficiales. Los que creen en lo real, sólo intentan engañarse. Es imposible no fijarte en la chica con el top más ajustado en la tarima de la discoteca, aunque una chica tapada te cuente que apadrina un niño huérfano en Zimbawe. Tenemos polla, tenemos instinto animal, tenemos instinto macho alfa. Ni machismo ni sexismo. La puta verdad. Las conversaciones sólo intercambian teléfonos y emoticonos en WhatsApp. Emulan emociones, dicen. Nos hacemos pajas con un "like" en Instagram. Publicamos fotos en Facebook para que nuestra ex se sienta celosa. Publicamos fotos en Facebook para intentar ganar un "Me gusta" con la chica que queremos follar. Las redes sociales no hacen que las relaciones sean más rápidas, sino más asociales. Portales que se basan en un intercambio de reacciones fatuas, reacciones que no dicen nada, reacciones detrás de un velo. Así también yo. Ni soy Ernest ni me apellido Hemingway, pero confío más en conocer a la gente en un bar y no en una red social. Me gusta la gente sincera, que te cuenta su vida con una copa en la mano, mientras apura un pitillo. Me gusta la gente que espera a verte para contarte algo importante. Me gustan las chicas que antes de enseñarte su escote te enseñan su personalidad. Pero en el fondo todos somos hipócritas, todos queremos lo real cuando nos vestimos con el caballo en la camisa, con el cocodrilo o con la bandera del Antonio americano. Pero, si nos ponemos con estas tonterías, ¿quién follaría? La filosofía no es una religión, es un puto cambio, es un estado, es un fin de semana, es un lunes. Es lo que quede de cubata. Y me queda poco.

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