El mar de noche

En ocasiones he tenido que recurrir al mar. No es que el mar te pueda escuchar, ni que quiera hablar contigo, ni siquiera que provoque una sensación extraña; el mar simplemente está ahí, calmo bajo la luz de las farolas, reflejando un astro color platino.

Creo que podría pasar la vida mirando al mar, sin dejar de otear el horizonte, con la mente en blanco escuchando el silencio de la noche con el frío en la cara. Pasarían horas, calmo, tranquilo; sin problemas. Las dudas se disolverían con las lágrimas en la orilla.

La noche. Oscura compañera. La Confidente más puntual. La más fría y preciosa. La más callada y tranquila, o la más loca y tequila. La noche, domadora del mar que hace espejo de la Luna, confundiendo a los marineros que se ahogan por besar sus mejillas.


Abro el paquete. Cojo un Lucky y me lo fumo lentamente. No hay prisa. Hoy ha quedado conmigo. Tenemos toda la noche para mirarnos, porque sólo cuando estamos solos podemos vernos.

Recuerdo la última vez que no pudo venir a verme. En realidad no la recuerdo, ella nunca ha faltado a su cita, quizás haya sido yo quien haya faltado; sin embargo he escuchado a otros decir exactamente lo mismo que yo. ¿Me estará engañando?

Al llegar el punto más oscuro de la noche, el momento más gélidoy bonito llega mi despedida, porque el Sol despierta todo bruscamente, como si tuviera prisa por llegar a ver a la Luna que siempre se le escapa. Y después de rozar con sus fuertes haces las mejillas de su amor platónico, se posa sobre las nubes triste, desolado, esperando el próximo eclipse.









This entry was posted on Thursday, February 14, 2013 and is filed under ,. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Responses are currently closed.